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martes, 18 de octubre de 2011

Sobre óvalos: orígenes, atracción y riesgos


Ya me jode no escribir en este blog sobre cómo me va la vida por París, mis aventuras (¿?) con las Vecinas o lo muy de culo que voy en la Universidad. Pero creo que no me queda otra que hablar de lo sucedido este fin de semana en Las Vegas, en la gran final de la IndyCar Series. Eso sí, no voy a hacer ninguna elegía de la figura de Dan Wheldon (para eso ya están los medios estadounidenses como SPEED.com, que le conocían de cerca), ni voy a hacer una recopilación de la vergonzosa actuación de los medios españoles, una vez más (si la queréis, en Twitter está).

Voy a hablaros de óvalos. Voy a intentar mostrar el porqué de su existencia, resumir dónde está su interés (porque lo tiene, de verdad), y enseñar que no, que no tienen ningún problema de seguridad, al menos que se salga de la norma.

Empecemos por donde hay que empezar, por el principio. ¿Por qué corren en óvalos en Estados Unidos? Yo tengo una hipótesis que cualquiera de vosotros me puede rebatir, pero que obviamente creo válida: el automovilismo en Estados Unidos se inició en hipódromos y zonas de tierra para el ganado en los terrenos de las ferias estatales o del condado de turno.

Así, no es difícil pensar que los promotores de las carreras en EEUU eran los mismos que organizaban carreras de caballos o rodeos, frente al caso europeo, en el que los periódicos organizaban carreras de un punto A a un punto B para así tener contenido con el que rellenar páginas durante días. Algo similar ocurre con el ciclismo, entre Europa y Japón. Mientras que en Europa lo más popular son las Grandes Vueltas (si bien la pista a principios de siglo, y el Ciclocross en Centroeuropa también gozan de gran caché), porque los periódicos las organizaban y promovían, en Japón la disciplina estrella es el Keirin, una especialidad sobre pista en la que hay apuestas sobre el ganador, como si de un hipódromo se tratase.

Aunque muy pronto en el siglo XX ya empezaron a pavimentarse los óvalos, o incluso enladrillarse (Indianápolis), esta tradición de las carreras en óvalos de tierra perduró hasta los años setenta al mismo nivel que sobre asfalto: en el calendario de monoplazas de 1970 aún se incluían pruebas sobre tierra, y famosas son las leyendas sobre AJ Foyt ganando con coches de dirt track en óvalos ya asfaltados. Hoy por hoy, el “dirt track” y el “American Open Wheel Racing” (monoplazas sobre asfalto) son dos disciplinas bien separadas, aunque la primera sirva en ocasiones de cantera para la segunda (o para la NASCAR, que ha ganado terreno a la hora de cuidar estas raíces).

La tradición sola ya basta para explicar por qué en Estados Unidos adoran los óvalos y odian, salvo cerca de ambas Costas, los circuitos ruteros. Pero también en sus orígenes hay otro aspecto que perdura hoy en día y que sigue atrayendo al público: las carreras se celebraban junto a una feria, y ése aspecto ludico-festivo para todos los públicos se sigue manteniendo, frente al automovilismo más ceremonial e incluso dramático que creció en Europa.

Así que tenemos a un público acostumbrado y atraído. ¿Cómo lo mantenemos? Dando carreras divertidas. Y divertidas no son sinónimo de peligrosas. Desde Europa, tenemos la percepción de que una carrera en óvalo es obligatoriamente una fiesta de accidentes y chapa. No niego que los hay, pero también es cierto que lo que aumenta tal sensación es lo mucho que sale el Pace Car. En realidad, sale por una mera cuestión de seguridad: cualquier elemento perturbador en pista es mucho más peligroso en un óvalo que en un rutero. Pero es cierto que, especialmente en la NASCAR, se ha abusado del Pace Car para incrementar la emoción y por motivos publicitarios (más coches de seguridad, más cortes publicitarios en televisión).

Lo cierto es que los óvalos no necesitan de eso para ser espectaculares. El primer secreto es que son mucho más baratos (si no haces chapa) que los circuitos ruteros, por lo que las diferencias entre equipos se reducen. El segundo es que la influencia de la aerodinámica, aunque ha aumentado con los años, sigue siendo menor que en un rutero y ello da valor al piloto: es él el único capaz de aguantar o no un coche en pista si le quitas ala. Esto tiende a confundirse con tener más o menos pelotas, pero también requiere una pericia que muchas veces no valoramos en Europa.

Siguiendo en esa línea, el piloto sigue siendo crucial porque debe saber adaptarse a las circunstancias cambiantes de carrera. En F1, la temperatura es importante para el funcionamiento de los neumáticos, y el viento para su velocidad punta. En un óvalo, el clima en general es clave, y una vez más es el piloto el que debe hacer frente a los cambios. No, no corren cuando llueve, pero el comportamiento de un coche con sol o con nubes cambia por completo, al igual que si el viento les da de cara, de costado, o lateralmente. Y no hablemos de la influencia de la humedad.

Baste como ejemplo la explicación de por qué todos esperan al último momento para hacer intentos de clasificación en Indianápolis: con sesiones de seis horas, la última hora, “Happy Hour”, es la ideal porque no sólo hay goma en pista, sino que la temperatura de la pista está al máximo, la temperatura ambiente ya se ha reducido favoreciendo la refrigeración de los motores, y encima a veces la humedad ayuda a que se alcancen velocidades realmente mágicas.

¿Y todo esto por qué habría de atraer a los espectadores? Pues porque permite igualdad de oportunidades, no siempre son los mismos los que tienen la mejor mano. Y ello da lugar a que auténticos “underdogs”, equipos pequeños, lleguen a una pista que conocen bien, y aunque tengan las mismas dos curvas que otros tres óvalos, sepan cómo es el clima, cómo evoluciona el asfalto, y se pongan arriba. Y si hay peraltes pronunciados que permitan coches en paralelo, la carrera pasa a ser épica, como en Chicagoland o Kentucky. Por eso la IRL ganó en Estados Unidos a la ChampCar, que tanto me gustaba y gustaba en Europa. Y por eso ante la perspectiva de tener tan sólo cinco óvalos en el calendario 2012, muchos aficionados de toda la vida, de los que llevan cincuenta años yendo a Indianápolis, no pueden sino hacerse el hara-kiri.

Ahora llegan las pegas. ¿Son un peligro tantos coches a tanta velocidad? Pues depende. Hace décadas, la velocidad sí era peligrosa, porque cualquier fallo del monoplaza, unido a la falta de medidas de seguridad activas o pasivas, te llevaba a la muerte. Pero la mayor parte de accidentes de este tipo se producían en solitario: los coches tenían velocidades tan dispares que no se apelotonaban, provocando los famosos “Big One” de la NASCAR.

Hoy en día, un accidente en solitario ya no es un (gran) problema. Aunque sufras un fallo mecánico, los pilotos llevan monos, casco, HANS (desarrollado en Estados Unidos, no lo olvidemos) y el cockpit es extremadamente resistente. Y los circuitos ya no tienen muros de hormigón, sino barreras SAFER, consistentes en paneles ligeramente separados del muro con acolchado, que amortiguan cualquier golpe. A mi juicio, mucho más seguro que los guardarraíles en circuitos permanentes como el de Abu Dabi, o los muros en otros muchos que sin ser urbanos o semiurbanos no deberían tener razón de ser.

Con esas medidas de seguridad, la velocidad tampoco plantea un enorme problema. Sí, decir que ruedas a 225 mph sigue poniendo los pelos de punta, e incluso ha habido problemas de mareos por las fuerzas G a esa velocidad (Texas 2001), pero hace veinte años las velocidades en Indianápolis eran mucho mayores, alcanzándose las 240 mph de media en la clasificación. Y aunque había pérdidas que lamentar, no eran ni mucho menos más que las de los últimos años, aunque los heridos graves sí fueran algo habitual al no haber ni HANS ni SAFER.

El problema viene cuando tienes tantos coches a una velocidad similar. Se ha acotado tanto el reglamento que todos van a la misma velocidad en cuanto la aerodinámica y los rebufos permiten suplir las carencias del piloto (algo más probable cuanto mayor sea el peralte). Y los accidentes de gravedad vienen cuando un coche catapulta a otro y éste vuela contra las barreras.

Para eso no hacen falta 225 mph, ni 180, ni 150. Basta con tener un par de coches similares, que uno rompa motor o se quede sin gasolina, o incluso frene antes de tiempo por cualquier circunstancia, y el otro no tenga tiempo de reaccionar. Y encima tenga la mala suerte de dar con su cabeza contra el muro. Y eso no ocurre sólo en un óvalo, también lo hemos visto en GP2 o F3000. E incluso en ciclismo en pista, con la desafortunada muerte de Isaac Gálvez. Porque Dan Wheldon no murió por la desaceleración, o por múltiples fracturas en su cuerpo. Murió por un “simple” traumatismo craneoencefálico.

Eso es una simple y pura desgracia. La culpa no es del organizador (Dan Wheldon aceptó correr desde el fondo de la parrilla por los cinco millones, como hubiera aceptado correr por nada, como ya hizo en Indianápolis), ni del premio (es FALSO que hubiera tantos inscritos por los cinco millones, aunque alguno se pase de listo y escriba esto. Los había por ser la última carrera con los chasis hasta ahora usados en la IndyCar), ni de los otros pilotos (¿había gente con poca experiencia? Sí, pero ningún novato en óvalos), ni de la falta de seguridad.

¿Que se pueden hacer mejoras? Por supuesto. El nuevo Dallara IR-12 llevará parachoques traseros para reducir la posibilidad de que un coche salga catapultado. Además, habrá motores (2012) y aerodinámica (2013) libres, por lo que los pelotones serán más reducidos. Y las barreras SAFER se van a rediseñar para que los muros no sobresalgan con respecto a las vallas. Además, a los propios comisarios de la IndyCar no les tiembla la mano a la hora de sancionar cualquier bloqueo en una maniobra de adelantamiento, por mínimo que parezca, conscientes del peligro que esto supone especialmente en un óvalo. Ni reglas de un cambio de dirección, ni gaitas.

Pero el piloto seguirá estando expuesto. No es cuestión de poner una cúpula o no, también ha habido fallecimientos en turismos. Al final cada uno sabe a lo que se expone, y aunque se seguirá trabajando en proteger a los pilotos, los mecánicos y el público, el riesgo está ahí y no sabes cuándo te espera. Por algo los últimos accidentes mortales en la IndyCar fueron todos en distintas circunstancias: accidente múltiple en carrera, accidente en libres, test privado a solas, intento de clasificación en Indianápolis. No nos podemos parar a pensar en una desgraciada casualidad, pues flaco favor le haríamos a la seguridad si no pensamos en mejorarla de forma global, y no en un sólo tipo de accidente.

La solución no está en dejar de correr en óvalos. Esa sería la solución de los ignorantes. ¿Saben ustedes que en los países del Norte de Europa consideran que los latinos somos unos imprudentes por organizar rallyes de asfalto? Sin embargo, es lo que hemos mamado desde siempre y nosotros consideramos que en Finlandia están locos por competiciones como la F-Cup, sobre nieve o tierra, con coches de dos ruedas motrices, y sin notas...

¡Basta ya de estúpidos etnocentrismos y de tirar piedras contra nuestro propio tejado! La clave está en seguir progresando, y el progreso no pasa por firmar otro acta de defunción: el de la IndyCar Series.
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jueves, 17 de marzo de 2011

GPCast Nº030 - "Rumbo a Australia con la mente en Japón"


Inevitablemente, no hemos podido apartar la mirada de los sucesos acontecidos en Japón, pero aún así, una semana más hemos repasado la actualidad del mundo del motor en GPCast.

En esta entrega, tratamos de vislumbrar cuál es la situación de la parrilla antes del inicio de la temporada 2011 del Mundial de F1, tras lo cual hacemos un repaso de las noticias en rallyes, circuitos y EEUU, además de una breve previa del Mundial de Turismos y las 12h de Sebring. ¡Espero que lo disfrutéis!
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viernes, 8 de octubre de 2010

Sobre mujeres y maniquíes piloto

(Voy a dar explicaciones, que no quiero que me entiendan mal...)

Siento haberos dejado "abandonados", y más que os voy a tener que dejar por causas ajenas a mi voluntad (medio litro de Coca-Cola Light sobre mi portátil tienen la culpa), pero llevaba toda la semana deseando poder desconectar y escribir sobre lo que realmente me gusta, así que aprovecho mi insomnio momentáneo para ocupar la Sala de Informática de la Residencia y así cumplir con mi ritual.

Sonará a coña, pero sí, para mí, escribir en el blog, es un ritual. Como el de Dexter Morgan cuando se dedica a matar asesinos en serie... tiene su momento (por la noche), su método, y su recompensa en desahogo. Y eso es lo que busco, aunque sea a base de quitarme horas de sueño y quedar como un maldito friki (sí, soy el único presente a estas horas por aquí).

Pero vayamos al grano, y para ello aprovecho una polémica abierta en los últimos GPCast. Como no es que precisamente me ande yo muy espabilado en radio, creo conveniente explicarme por aquí, aunque algunos sepan de sobra cuál es mi opinión, por mis comentarios en foros y Twitter.

Sí, hablo de las mujeres piloto y su abundancia en Estados Unidos, además de mi conocida repulsión por Danica Patrick. Por esto último voy a empezar: que no me guste Danica, no quiere decir que sea un machista retrógrado incapaz de ver a una mujer sentada en un monoplaza y logrando buenos resultados.

Simplemente desapruebo el bombo que se le da a una chica que en cinco años en IndyCar sólo ha logrado una victoria, por estrategia de ahorro de combustible, y que si bien hizo una gran temporada el año pasado, en éste se ha visto superada en la general por sus tres compañeros de equipo.

Y sí, es cierto que la tengo atravesada desde hace mucho tiempo, pero también es verdad que mientras Katherine Legge lograba victorias y luchaba por el título en Atlantics, Danica se arrastraba en pista. Que la brtiánica luego fuera perdiendo gas, es otra cosa, pero cuando ni siquiera eres la mejor mujer piloto de tu generación, no puedo entender que se le preste tanta atención.

Lo siento, no soporto que una piloto, en lugar de centrarse en hacerlo bien, esté más preocupada por sus sesiones en FHM, Sports Illustrated, sus galas de MTV y Nickelodeon, etc, etc... Además de su afán por dejarse presentar por todos lados como una piloto de la NASCAR (verídico), cuando no sólo es y será por ahora una piloto de la IndyCar (y no IRL, por favor, compañeros, cerremos las heridas abiertas en el American Open Wheel Racing), sino que además sus actuaciones en la Nationwide por el momento han dejado mucho que desear.

En esas condiciones, no puedo más que convertirme en fan de una chica que de forma mucho más discreta ha demostrado bastantes maneras, como es Simona de Silvestro. Pero bueno, no voy a entrar tampoco en comparaciones, porque es totalmente cierto que sigue estando lejos de los logros de Patrick (y ello me costó una cena...).

Aún así, prefiero apoyar a una mujer piloto que siendo una más, encima corre de forma brillante, especialmente en ruteros, que a otra que se las da de estrellita. Porque para mí, una mujer piloto es ante todo una piloto, y si quiere ser respetada, lo mínimo que puede hacer es no querer desmarcarse del resto.

Esto que comento es perfectamente válido para otra mujer piloto, como Carmen Jordá. Lo siento, no la aguanto tampoco. Es una mala piloto, punto. No me vale eso de "a tí te ganaba seguro". Y a ella la aplastan todos (incluida Pippa Mann) los de la Indy Lights, cuando logra reunir el presupuesto para correr. Y le "ganó", por tiempos, Fonsi Nieto en su primera carrera sobre un LMP2. Y Natacha Gachnang simplemente la destrozó en Fórmula 3 Española.

Pero no contenta con ello, encima tiene que presumir de modelo. Joder, aclárate ya, o eres piloto, o eres modelo, pero ganarse una fama por lo que haces lejos de las pistas no hace más que crear agravios comparativos con respecto a sus rivales, que pueden contar mil y una historietas sobre ella.

Insisto, no soy un machista, me encantan las mujeres piloto, no por su físico, que considero que de hecho debe ser poco atractivo (=musculado), sino por los cojones que le echan, como cualquier otro, pero si debe haber mujeres en el automovilismo, que estén ahí por méritos deportivos, y no por su fama o su belleza.

Con esto no digo que Danica Patrick no merezca estar en IndyCar, algo que ha demostrado de sobra, sino que no merece recibir más atención que Franchitti, Power o Castroneves; ni que Carmen Jordá deba tener prohibida la entrada a un circuito (sí, a mí me patearía el culo, pero no a la parrilla de F3); pero sí que buscar promocionarse más allá de las pistas, cuando su rendimiento en las mismas no es equiparable, les hace un daño tremendo a ellas, y a sus compañeras.

Y menos mal que son cinco en IndyCar, porque no me querría ni imaginar los comentarios sobre Milka Duno si fuera la única mujer piloto en IndyCar, teniendo en cuenta lo sucedido ya durante toda esta temporada, llegando a obligarla a abandonar con el fin de que no molestara al resto de la parrilla.

Mujeres piloto que demuestren ser al menos mejor que el peor de la parrilla, sí, encantado, aquí tienen un ferviente fan; maniquíes piloto porque debe haber tetas en parrilla, no por favor...

P.S: Sí, en la foto de la entrada Simona de Silvestro está por delante de Danica Patrick... y no está hecho aposta, se siente...
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viernes, 27 de agosto de 2010

GPCast Nº004 - "Trece sí, trece no"

Con algo más de retraso de lo habitual, debido a nuestras obligaciones familiares, aquí está el GPCast Nº004.

El título responde al debate que encontraréis al final del podcast, sobre si debe haber un decimotercer equipo en la parrilla del próximo Mundial de F1. Pero antes, comentamos DTM, F3 Euroseries, Mundial de Rallyes, y nos damos nuestra habitual vuelta por EEUU... y si no os gustan los contenidos, encontraréis una encuesta en el blog de GPCast.

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jueves, 22 de abril de 2010

Sobre la "crisis" del AOWR

(Salida de las 500 Millas de Indianápolis en 2008)

Lo primero, excusarme por estos días de ausencia. Desgraciadamente, ni la salud ni la carga de trabajo impuesta por Bolonia (suerte que es mucho trabajo, pero de poca exigencia) me han permitido pasarme por aquí. De hecho, escribo esto con fuerte dolor de cabeza, así que más vale que os guste...

Vuelvo a hablar de Estados Unidos y de la IndyCar, porque esta semana se han publicado las listas de inscritos para las dos próximas citas del campeonato: Kansas y las 500 Millas de Indianápolis.

Lo más curioso de todo es que en teoría el "American Open Wheel Racing" (monoplazas yankees) está en declive tras los años de la escisión y el auge de la NASCAR, pero todos los datos habidos y por haber reflejan un cierto renacimiento, por mucho que los ultrafans consideren que su campeonato va a peor.

Es cierto que hay muchas cosas mejorables, pero 24 monoplazas en las dos primeras citas, 25 en las dos siguientes, 27 en la quinta (Kansas, primer óvalo, dentro de dos semanas) y 40 o más inscritos para las 500 Millas, y sobre todo, qué inscritos, es como para estar contentos. Porque en Indianápolis, salvo Milka Duno y el coche de 3G, todos optan a clasificarse para la carrera (os recomiendo a todos que estéis atentos al Bump Day, que se iniciará tras el GP de Mónaco de F1, uno de los días más excitantes del automovilismo mundial).

Por ahora, 34 pilotos han sido confirmados, y de los seis huecos restantes, dos coches de Dreyer & Reinbold deberían ir a parar a manos de Tomas Scheckter y Ana Beatriz, el tercero de AJ Foyt Enterprises podría pilotarlo Jaques Lazier, AFS se ha inscrito con un coche y podría estar con el piloto de Indy Lights JR Hildebrand, 3G debería volver a hacer el ridículo, aunque en esta ocasión con Richard Antinucci en lugar de Stanton Barrett, y la opción de Oriol Serviá vuelve a ser Rahal Letterman.

El equipo de Bobby Rahal estará aunque sea pagándolo de su bolsillo, puesto que en su Facebook preguntaban a los fans por decoraciones retro que les gustaría volver a ver en Indianápolis, pero que Serviá corra por tercera ocasión en Indianápolis depende de que Graham Rahal encuentre hueco en otro equipo. Por el momento Newman-Haas-Lanigan sólo ha inscrito un monoplaza, pero si encontrasen patrocinio, Graham se marcharía con ellos, y en el equipo de su padre quedaría esa vacante para el catalán.

Pero las IndyCar Series tienen otros problemas. su "fanbase" está cabreada con la gran cantidad de circuitos ruteros, con que cada vez haya más carreras en el extranjero, y con que no haya pilotos estadounidenses luchando por las victorias (a pesar de la excepción vivida este fin de semana con Ryan Hunter-Reay en Long Beach). Sin embargo, la audiencia televisiva comienza a despuntar y han aumentado un 30% con respecto al año pasado. Long Beach obtuvo un 0,65% de share. Ridículo, sí, pero increíble teniendo en cuenta que se retransmite por una cadena de pago muy inaccesible.

Todo ello, corriendo con un monoplaza vetusto, y grandes peleas por quién le sucederá. La opción más inteligente es la del DeltaWing, pero los fans están que trinan, y lo ven aún más feo cada vez que se publica una foto nueva dentro del túnel de viento. Ya veremos lo que ocurre... pero mientras tanto ¡Viva la crisis!
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miércoles, 31 de marzo de 2010

Sobre cómo además de rivales se puede ser amigos




(También conocida como "Sobre algunas cosas más que aprender de EEUU")

Normalmente, tenemos la imagen de que los pilotos, por competitivos, deben ser arrogantes, y tienen pocos amigos en el paddock... y aún menos amigos que a su vez sean pilotos y compitan en la pista.

A mí lo que me ha empujado a escribir esto es el anuncio de que Bruno Junqueira correrá las 500 Millas de Indianápolis. Podría ser un nombre más en la lista, pero no lo es. El año pasado, el piloto brasileño firmó el día antes del Bump Day (última llamada para quien quiera clasificarse para la carrera) con Conquest Racing, y a pesar de que sus rivales habían rodado durante dos semanas, Junqueira logró clasificarse entre los 33 mejores. Pero su compañero, Alex Tagliani, quedó fuera por no darle tiempo a realizar un último intento.

Al ser Tagliani el primer piloto de Conquest, el piloto brasileño tuvo que renunciar a su puesto entre los 33 elegidos para que Tagliani corriera. Gracias a ello, Alex terminó undécimo y logró ser "Rookie del Año" de las 500 Millas.

No sólo Junqueira tendrá la oportunidad de resarcirse este año. Lo hará en el segundo coche de FAZZT, el equipo creado esta temporada por Alex Tagliani, que ha decidido de esta manera compensarle por que Bruno se quedara sin correr las 500 Millas "por su culpa". Chapeau por el canadiense, y ojalá no sólo se clasifiquen ambos, sino que hagan una buena actuación y podamos disfrutar de Bronte, la mujer de Tagliani...

P.S: Ya está, esta entrada ha sido cortita... ¡Pero tiene foto!
P.S 2: A pesar de sufrir la crisis económica, las 500 Millas de Indianápolis tienen buena pinta este año. Se habla de 40 coches, 35 asegurados, y Servià podría repetir con Rahal-Letterman Racing.
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lunes, 29 de marzo de 2010

Sobre algunas cosas que aprender de EEUU

A la espera de descargarme las distintas versiones del GP de Australia (como curiosidad, Lobato va progresando. La BBC y la RTL también se equivocaron y dijeron que el Virgin que se puso gallito con Schumacher fue Di Grassi, cuando en realidad la T-Cam roja y el casco dorado indican que era Glock), y la tertulia Auto-Critiques de Eurosport Francia (aunque descafeinada, puesto que todos los expertos estarán camino de Malasia), no sé sobre qué escribir. Sobre el Mundial de Rallyes no, a la vista está que a nadie le importa un pimiento (dos visitas desde que publiqué la última entrada… y no es culpa del lector, sino de su mierda de dirigentes).

La verdad es que me gustaría rajar de la brillante actuación de Adrián Campos Jr. y Carmen Jordà en la cita inaugural de la Indy Lights, pero realmente hay poco que decir: uno, que entró a lo kamikaze en la primera curva, quedándose ahí, y la otra rodando a nueve segundos por vuelta de la cabeza, y terminando a dos vueltas ¡porque no daba tiempo a completar las quince vueltas más previstas y otras quince fueron tras el Pace Car!

Resumido en un párrafo todo, mejor me quedo en EEUU, pero para hablar de otra cosa: lo bien que se lo montan los yankees. ¡Menuda novedad! Bueno, ya, pero no hay que dejar de repetirlo… Si el año pasado en Malasia vimos un bochornoso espectáculo, con paripé para evitar decir desde el primer momento que la carrera se suspendía, en EEUU, si salen dos socavones en mitad de la pista durante la carrera y hay que repararlos, parar la carrera durante casi una hora, y luego retomarla, se retoma.

Si cae el diluvio universal como ayer en St. Petersburg, no se suspende la carrera, se celebra el lunes… y si tienes que correr en un óvalo, y llueve durante dos o tres días seguidos, se corre el martes o el miércoles… ¡y las gradas se llenan! Sé que por contratos y logística esto sería impensable en Fórmula 1, pero quizás deberían replantearse todo esto. Que una carrera no se complete por un límite de tiempo ridículo (dos horas, cuando la carrera es con lluvia, es decir emocionante), ensucia la imagen del campeonato. A estas alturas ya no puedes depender del clima, y si la pista está demasiado inundada para correr, el circuito debe tener equipos para secarla, como en EEUU.

Para seguir con el tema del espectáculo, es necesario hablar también de todo lo que hay montado antes de una carrera de los campeonatos estadounidenses. No hablo ya de sesiones de autógrafos o entrevistas y en escenarios como los de un concierto, para que los aficionados se acerquen a los pilotos. Eso ya es una batalla más que perdida a mi parecer, salvo que te llames Karun Chandhok y estés tan contento de haber llegado a la F1 como para tirarte horas y horas firmando tarjetas que su hermano se encarga de enviar por correo a quien las pida (interesados: contact@karunchandhok.com). Luego los hay que se quejan porque esté ahí.

Hablo de cosas más sutiles. ¿Alguien me puede explicar qué sentido tiene una Drivers Parade en Bahréin o Abu Dhabi? O incluso, ¿qué sentido tiene una Drivers Parade, en teoría para que el público vea a los pilotos, si el camión va a 80 km/h? Si por mí fuera, copiaría el modelo que se usa no sólo en la NASCAR, sino también en IndyCar o en las citas clave de los V8 Supercars: un escenario en la recta de meta, y que vayan pasando uno a uno todos los pilotos, con entrevista incluída. Además, eso se presta a que se impliquen los pilotos, con guiños hacia el público, o música de introducción (suena muy a WWE, pero menudas risas cuando ves qué canciones usan los pilotos de la NASCAR cuando entran a pista).

¿Veremos algún día todas estas chorraditas que te sacan una sonrisa, o Bernie Ecclestone preferirá preocuparse por no dejar pasar a pista a los fisios de los pilotos, mientras entran todas sus viejas glorias invitadas a los Grandes Premios?
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martes, 23 de marzo de 2010

Sobre las banderas azules

Mucho revuelo han creado las palabras de Heikki Kovalainen acerca de la posibilidad de eliminar las banderas azules como vía para aumentar el espectáculo. Muchos han acusado al piloto de Lotus de oportunista, diciendo que una idea así jamás le hubiera rondado la cabeza de seguir en McLaren.

No dejan de tener razón, pero... ¿eso le quita verdad a la opinión de Kovalainen? Es como si dijeramos que todo lo que dijo Jesús Manzano sobre el dopaje en España (y no en el ciclismo) es falso, porque desveló la verdad por dinero... ¿Y?

Lo de Kovalainen puede ser una pataleta, pero ¿la pataleta es por haber sido doblado XX veces en Bahrein, o por sufrir en sus carnes lo que supone que los líderes te rompan el ritmo por tener que ponerles la alfombra (adelantamiento de Hülkenberg a Kovalainen aprovechando que estaba siendo doblado por los Ferrari)?

Quizás el problema sea que lo que antes significaba una advertencia de que venían coches punteros por detrás, hoy se ha convertido en una obligación de dejarte cinco segundos para que luego no se quejen de tí ante la prensa.

Cierto es que la ventaja de tener una reglamentación tan restrictiva en cuanto a doblajes, permite que no haya lugar a interpretaciones... claro que siempre ha habido pilotos que se han quejado porque no se les facilitaban los doblajes, y me cuesta recordar sanción alguna por tal motivo.

También podría suprimirse la regla y dejar la decisión final en manos de la GPDA, a modo de pacto entre caballeros, dejando todo en manos del sentido común. Pero veo dos grandes puntos negros en la eliminación de las banderas azules.

Primero, da pie a que se repitan situaciones como la de Norberto Fontana en Jerez 1997, el argumento más utilizado por los que han criticado estos días a Kovalainen. Sí es verdad... ¿pero acaso no existían entonces las banderas azules? ¿Acaso no están prohibidas las órdenes de equipo, y seguimos viéndolas de tapadillo? Me cuesta ver la diferencia

Además, hay una diferencia clave entre el automovilismo en Estados Unidos y el europeo. En EEUU, la ausencia de banderas amarillas tiene sentido porque, al defenderse del doblaje, el piloto a doblar defiende su "posición" en la vuelta del líder de cara a un Safety Car. En Europa, donde lo raro es que haya un Safety Car en carrera, y más en los Tilkódromos, el piloto simplemente impediría el doblaje fácil "por joder".

Por ello, quizás la solución más viable sea la de "vista gorda", manteniendo la norma en caso de flagrante molestia al piloto que dobla, y "pacto de caballeros" entre los pilotos: si no te juegas nada, no molestes.
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